Juan Carlos La Puente Tapia – « Resistencias, fuerza mesiánica de la anarquía divina »

Juan Carlos La Puente Tapia

«Resistencias, fuerza mesiánica de la anarquía divina»


1. Evocaciones y provocaciones

Evocación desde Colombia

“¿Por qué un grupo de pocas familias quieren permanecer en tierras tan disputadas en medio de presiones armadas? ¿Acaso no se les está ofreciendo todo un paquete de incentivos para que se muevan?” La respuesta a la pregunta formulada por un funcionario de alto nivel de una embajada en Colombia no se hizo esperar. Emilio le respondió: “Nuestra resistencia es nuestra forma de vivir dignamente”.

Invocación desde Estados Unidos

Fui invitado a una cena de despedida de Javier, a quien, junto a millones de personas, las leyes del sistema jurídico-político de muchos países le niega documentos oficiales. Se les impide que obtengan su residencia para ejercer públicamente el derecho a defender sus derechos. 

Javier padecía una enfermedad terminal y no podía caminar. Estaba en silla de ruedas. Con dificultad me dijo: “Voy a morir a mi tierra, por eso es la cena”. Juana, su esposa, dijo sonriéndome: “Es una despedida, gracias por venir, espero que la comida le guste”. David, el hijo mayor de ellos, había nacido en los Estados Unidos y, por ello, con sus 16 años, podía acompañar a su papá a morir de regreso a su tierra de origen para volver luego a Oregon. David no sabía si podría quedarse hasta el último de los días que viviría su papá allá o, tal vez, dejarle y luego volver. Su padre moriría sin ver a Juana y a sus otros dos hijos menores. Personas amigas le suplicaban: “Por favor, Javier ten fe, puedes sanarte y quedarte al lado de tu familia. No tiene sentido que te vayas”.

Javier empezó a hablar“¿Qué sentido tiene mi vida si no es para mostrarles a mis hijas, hijos y a mi esposa nuestra dignidad?” Agregó: “Si tienen fe, deberían entender que morir dignamente es un reflejo de vivir dignamente. Mi tierra me llama y a ella vuelvo con dignidad”.

Las personas que oraban fueron quedando calladas ante la mirada de Javier. María, una vecina, le dijo: “Compadre, tus hijos son mis hijos. Donde comen tres, comerán seis. No sé cómo, pero no te preocupes, aquí estamos al lado de Juana, David, y tus otros hijos”. Otras personas fueron sumándose: una nueva oración salía de corazones envalentonados por haber visto reflejada en Javier su propia dignidad.

Alguien se arrodilló pidiendo la bendición de Javier y su familia. Muchos le seguimos pidiéndoles que nos dieran fuerzas para vivir con dignidad en medio del horror de miles de deportaciones y separaciones de familias. Desde su silla de ruedas, Javier tocó con su mano nuestras cabezas mientras nos abrazábamos con él y su familia. Habíamos sido introducidos –mejor dicho, alumbrados, paridos o dados a luz– en una Presencia comunal que revelaba resistencia, dignidad y plenitud liberadora.

Evocación desde México

“¿Por qué sigues buscando, si a todas luces sabes que tu hijo está muerto? ¿Por qué corres tanto riesgo denunciando la ineficacia y corrupción del aparato estatal si al final, aun cuando cese todo, sabes muy bien que tu hijo está muerto?”Rosario le respondió: “Si conocieras el poder de Dios que me anima. El poder de Dios es una luz distinta a todas esas luces que mencionas, es una luz que te permite ver a las personas desaparecidas a quiénes otros no ven. Es esa luz la que me ayuda a persistir en la búsqueda, no solo de mi hijo, sino de miles”.

Seducido por el misterio de la dignidad humana que atesoran tejidos de resistencia en los contextos de violencia global, conocí a Rosario quién me contó de su lucha y de las diversas interpelaciones a las que se ha visto sometida por gente de su entorno. Me decía: “Además, te cuento que después de tanto amor mi familia ha logrado comprender que el amor cambia el calendario y cambia el tiempo. Por ejemplo, ahora, celebramos Navidad una vez que yo regreso de alguna marcha al lado de otras mujeres. Los cumpleaños de mis nietas se celebran cuando hemos podido hacerlo, luego de viajes en solidaridad con otras mujeres que también buscan al igual que yo a sus hijas e hijos desaparecidos. El tiempo ha sido transformado por el amor que siento por mi hijo.”

2. Cambio epistémico: la escucha, la amistad, y la comunión con las heridas abiertas que nos acuerpan 

Escuchar la voz de las víctimas es crucial para preguntarnos cómo nos reconocemos en las resistencias de otras personas. La construcción de conocimiento tiene como punto de partida la escucha mutua, arraigada en una profunda relación intersubjetiva, de lo contrario, ¿cómo saber que nuestros corazones se han tocado al escucharnos? ¿cómo saber que nuestras resistencias no se repelen unas a otras?

Escucha y relación profunda han de caminar juntas y el horizonte al cual se dirigen es el de la amistad, donde la escucha toca y es tocada, donde nuestras resistencias son reconocidas y devienen entretejido de muchas otras resistencias. En la hoguera de la amistad, las relaciones abren sus poros más íntimos y así las resistencias que llevamos logran entretejerse reconociéndose desde la vulnerabilidad de nuestras heridas abiertas. 

En este sentido, el cambio epistémico del cual participamos trasluce una manera por la cual se construyen unos conocimientos que no podrían darse sin estas tres raíces: escucha, amistad y comunión con las heridas abiertas que nos acuerpan. De igual manera, estas raíces nos permiten un diálogo que engendra lenguajes que amplían nuestras capacidades para nombrar mundos nuevos, cielos nuevos que presenciamos, que despiertan y sostienen nuestras resistencias.

3. Cambio antropológico: amistad[1] en la Vida

Partimos del llamado de atención que surge de las resistencias ante las trampas identitarias que buscan disputar mayor humanidad o divinidad para controlar la vida y la muerte de otros.

Existen experiencias que no disputan identidades o poder a los sistemas hegemónicos. Las resistencias abrigan experiencias en sus propias entrañas que dan a luz nuevas maneras de vivir que los sistemas hegemónicos desconocen o no han podido controlar aún: aquellas que alumbran colectivamente el cuidado de la Vida en el terreno de la educación, la salud, la producción y el cuidado mutuo.

Deconstruir la identidad religiosa como refugio de pureza a partir del sacrificio de otras identidades es también un llamado a entretejer las resistencias. Así se abre un horizonte en donde la “amistad religiosa” entre personas de diferentes caminos espirituales o diversas tradiciones nos pone alerta sobre las pretensiones de homologación, uniformidad, y dominio de las trampas identitarias. En la amistad espiritual hay transformación mutua a partir del cuidado de la sabiduría de los diversos caminos que lo humano ha venido abrigando para el cuidado de la Vida. Ser amigos de la Vida[2] es el fondo del cuidado de la Vida, núcleo que vive como fuego en dicha amistad. La amistad nos transforma más y más en amigos de la Vida hasta devenir la Vida misma en amistad.

El cuidado de la Vida y la amistad serían dos dimensiones constitutivas que están alimentando los movimientos de resistencia.

4. Cambio de temporalidad: acciones creadoras, transgresoras y simbólicas

Las experiencias de resistencia traslucen un dinamismo de lo real que acontece fuera de los cálculos que los sistemas de dominación y condenación permiten como herramientas de sobrevivencia. El tiempo cronológico estaría asociado al cálculo para la sobrevivencia dentro de los sistemas de dominación y condenación. Hablamos aquí de un cambio de temporalidad como creación de lo jamás prejuzgado posible por los mismos sistemas opresores: una transgresión del tiempo.

Las resistencias llevan huellas de una temporalidad alternativa, como resistencia creativa y transgresora a la caja de herramientas que ofrecen los sistemas patriarcales, coloniales e individuales. Palpitan una libertad que trasciende el cálculo opresor e invitan a andar por grietas de temporalidades nuevas, a través de acciones simbólicas y resistencias creativas. El tejido de las resistencias busca no tanto la venganza sobre los verdugos, ya que eso sólo reflejaría la prisión temporal en la que nos encontramos, sino que busca que las atrocidades no se repitan más; crea gestos nuevos que atesoran lo que los sistemas opresores desconocen: el perdón ofrecido como transgresión de la temporalidad.

En este sentido, las resistencias rememoran, realizan y anticipan mundos nuevos. Son acciones que encarnan el cuerpo ancestral, no sólo de quiénes fueron sacrificados por los sistemas opresores, sino también de los verdugos cuyos gritos claman perdón. Son acciones que realizan la sanación del cuerpo ancestral y que sólo tras su realización en el ahora –escondido de todo cálculo bajo la mirada de los sistemas opresores– anticipan celebrativamente la remembranza anhelada por todas las generaciones, incluidas las futuras. Son acciones de resistencia y transgresión que sintetizan este cambio de temporalidad. Aun cuando no son valorados por los sistemas opresores como herramientas de interlocución para cualquier negociación posible, al ser realizados remueven los obstáculos que no dejaban ver horizontes nuevos por donde andar. 

La celebración y la fiesta, con canto y baile, con el compartir la comida, son símbolos de la deconstrucción del cálculo aprisionado que ofrecen los sistemas de dominación y condenación, y de las organizaciones que sobreviven en el espectro de sus enseñanzas. Ahí celebramos lo que ya estamos viviendo en el tejido de nuestras resistencias ahora y como futuro anhelado. Celebramos el no haber sido presa del sueño ofrecido por los sistemas de dominación y condenación.

Aprisionados por los sistemas de opresión calculamos y razonamos con base en prejuicios e información que subyacen en los mismos sistemas. En cambio, al hablar de creación, hablamos de ser sorprendidos por algo que no pudimos ni siquiera prejuzgar. Es lo nuevo. Y esa creación se experimenta a modo de poesía que potencia nueva imaginación a partir de la sorpresa por reconocernos personas llamadas en las historias de otros también en resistencia. Todo eso es fuerza creadora de la que somos parte. En esa sorpresa original radica la vivencia de un cambio de temporalidad.

5. Vocación

Las experiencias aquí evocadas e invocadas, y los tres cambios -epistémico, antropológico y de temporalidad- que vienen aconteciendo en el tejido de las resistencias son una invitación a adentrarnos en la Vida misma, liberados del ciclo de dominación y condenación rival. Son alumbradas en el seno de las resistencias que acuerpan gestos mesiánicos[3] que brotan de las heridas que no son negadas, sino ofrecidas por personas concretas como posibilidad para todos para revertir procesos de dominación y condenación rivales.

Desde los márgenes últimos, allí donde los sistemas de opresión no pueden ver, personas concretas traslucen la fuerza mesiánica que habita en sus actos de donación amorosa revelando tiempos nuevos. Son los tiempos en que el miedo y el cálculo rival han cesado en los propios cuerpos, cuando tales personas son abrazadas en amistad y despliegan la reconciliación anhelada del cuerpo ancestral que reconocemos y vivenciamos como no ausencia aún y no presencia aúnde la comunión infinita que nos da a luz con gritos de esperanza.  

Fuera de toda pretensión[4] de identidad separada y superior, personas concretas en el seno de los tejidos de resistencia com-parten con otros su dolor, transfigurado comunalmente en potencia salvífica. De esta manera, la realidad, preñada de heridas en el seno del tejido de resistencias, da a luz presencia y relación misteriosa de sorpresa, gracia y sanación cuando personas concretas se reconocen en las heridas unos de otras y renacen comunalmente a partir de su encuentro en una transgresión que agrieta el tiempo cronológico de la rivalidad. 

Son estas heridas las que recibiendo y abriéndose unas a otras, sin constituirse en principio rival sino mediante el perdón ofrecido, balbucean un fondo amoroso de lo real palpitando la an-arquía divina.[5] Un fondo sin principio rival alguno, un fondo sin fondo, sin pedestal alguno desde el cual se pueda condenar un mundo otro. 

Hablamos del fin de todo cálculo que nos impida ser tocados en nuestras heridas y tocar las heridas[6]  de quienes tenemos el corazón partido por la opresión rival. Siendo insertados[7] y sumergidos en los otros, mejor decir bautizados, nos reconocemos mutuamente, pueblos en pueblos y cielos en tierras, sin principio y sin fin,[8]  en el bienaventurado abismo[9] del misterio de la an-arquía divina, como puro desasimiento, relacionalidad y libertad suprema, donde el temor ha perdido su fuerza (1 Juan 4, 18), y, por ende, la sobreabundancia del amor surge como la fuerza mesiánica que nutre el corazón de nuestras resistencias.

6. Convocación

La invitación a tejer resistencias la hacen personas concretas que –abriendo sus heridas de unas a otras– transfiguran el mismo tejido posibilitando una transgresión emergente que desafía y deconstruye las relaciones de dominio y condenación. A partir de la valentía de quienes secundan esa fuerza de anticipación mesiánica nos llega la invitación para aprender a ser recibidos de otras personas. En este sentido, la invitación no está disociada de un alguien que hace sitiopara recibir. Y qué mejor ejemplo que la madre que hace sitio invitando a participar de la Vida misma. Así se revela la realidad plena en su fondo más íntimo: en los márgenes de los márgenes posibles, allí donde los sistemas de opresión no han podido doblegar el misterio de la dignidad humana, palpita la an-arquía divina abriendo sitio invitándonos a ser recibidos, ser hijos e hijas de la Vida.[10]

Los gestos mesiánicos hacen sitio para cada cual, como actos de perdón y donación que hacen sitio para nosotros. En este sentido, nuestro ser es un ser recibido en la comunión como cuerpo ancestral que nos alumbra.[11] Somos recibidos en la comunión que anuncia la no ausencia de quiénes los sistemas de opresión dan por aniquilados, y somos recibidos en la amistad que anuncia la no presencia aún de quiénes vendrán por diversos senderos de resistencia.

Pero el anuncio de la redención y el perdón ofrecido no están disociados del dolor. Abrir sitio no está disociado del dolor. En su fondo más doloroso, los tejidos de resistencia acuerpan la fuerza mesiánica de la an-arquía divina que abre sitio, una y otra vez, clamando un nuevo nacimiento para la reconciliación. Ese clamor es una invitación para cada uno de nosotros.A partir de aquella experiencia fontal de ser recibidos desde siempre, y por ello, no teniendo referente alguno desde el cual rivalizar, recibimos ser libres de todo principio rival. Esa libertad (fe) animada por la fuerza mesiánica de la an-arquía divina hace posible que participemos del recibir a otros (justicia) en amistad (caridad) comprometida (esperanza) con los tiempos mesiánicos. Recibir a otras personas en el fondo del tejido de nuestras resistencias deviene entonces una potente invitación en la que nos encontramos inmersos, desde nuestras heridas abiertas y ofrecidas: cuerpo y sangre simbolizadas en el pan y vino que, ofrecidos en comunión, anuncian y realizan el banquete mesiánico.


Notas

[1] “Si en este mundo de la tecnología queda aún para nosotros algo así como una vida política – comenzaría con la amistad” En:ESTEVA, Gustavo. “Iván Illich para el México de hoy”. Crítica Año 1 no. 1. enero-junio, de 2016. En: http://www.critica.org.mx/Esteva.pdf (consulta: 10 octubre 2019).

[2] “La decisión de optar por los pobres es una decisión por el Dios de la vida, por el amigo de la vida, como se dice en el Libro de la Sabiduría (11,25).” En: GUTIÉRREZ, Gustavo. ¿Dónde dormirán los pobres? Instituto Bartolomé de las Casas; Centro de Estudios y Publicaciones, Lima, 1996. p. 56.

[3] El mesianismo al que hacemos referencia guarda honda relación con el análisis que ha propuesto Carlos Mendoza-Álvarez, desde el Sur epistémico, acerca del mesianismo de Jesús y su imaginación poética, con el pensamiento antisistémico y decolonial que surge de la potencia de los pobres y de las víctimas resilientes. Ver: MENDOZA-ÁLVAREZ, Carlos. Deus Ineffabilis. Una teología posmoderna de la revelación del fin de los tiempos. Herder Editorial, Barcelona, 2015.

[4] Textos de la mística judía nos recuerdan que dejando ir la ilusión defensiva de ser “algo separado de otro,” nos abrimos a la Vida sin principio y sin fin. Cf. KUSHNER, Lawrence. God was in this place and I, i did not know. Finding self, spirituality and ultimate meaning. Jewish Lights Publishing, Woodstok, Vermont, 2002, pp. 98-99.

[5] Nos inspiramos en las provocaciones y connotaciones del término que utiliza Carlos Mendoza-Álvarez, asociado al símbolo de la Guha o cueva vacía en la liturgia siro-malankara que el teólogo explora llamando “la cueva de la teofanía más radical que jamás haya explorado creatura alguna.” En: MENDOZA-ÁLVAREZ, Carlos. Travesías Indianas. Samsara Editorial, México, 2019, 106-117.

[6] Hacemos aquí una relectura -desde el contexto de las resistencias- de la agudeza mística de Raimon Panikkar quien afirmaba que la única mediación posible para abrirnos al misterio divino no es otra que nuestra existencia desnuda. Cf. PANIKKAR, Raimon. Iconos del Misterio. La experiencia de Dios. Ediciones Península, Barcelona, 2001. p. 31. “Hay que ser ‘nada’ para experienciar en nosotros al Creador de la nada.” Ibid. p. 154.

[7] “En la inserción en el proceso de liberación del pueblo latinoamericano vivimos el don de la fe, la esperanza y la caridad que nos hace discípulos del Señor. Esta experiencia constituye nuestro gozo.” En: GUTIÉRREZ, Gustavo. Beber en su propio pozo. En el itinerario de un pueblo. Ediciones Sígueme, Salamanca, 2007, pp. 13-14.

[8] En sintonía con múltiples tradiciones místicas, vemos cómo la contingencia misma nos abre al infinito, y en la experiencia cristiana la infinitud no se separa de relacionalidad a la cual invita el símbolo trinitario: “Este darnos cuenta de que en nosotros mismos somos sin principio y sin fin es, precisamente, la experiencia de la divinidad.” PANIKKAR, Raimon. Iconos del Misterio. La experiencia de Dios. Ediciones Península, Barcelona, 2001. p. 163.

[9] Evocamos el oxímoron extremo de la vía del desasimiento enseñado por el Maestro Eckhart, expresada bellamente por su discípulo Juan Taulero en el siglo XIV: “Deja que el abismo de la tiniebla divina, conocida sólo por sí misma y desconocida de todas las cosas te ilumine. Este bienaventurado abismo, desconocido e innominado, será más amado y atraerá las almas más que todo aquello que en la bienaventuranza puedan conocer los santos en el ser divino.” En ese abismo acontece el nacer sobreabundante del amor divino como puro encuentro, pura relacionalidad. Eckhart lo expresa así: “Debes hundir tu ‘ser-tú’ en su ‘ser-él’, para que lo ‘tuyo’ en lo ‘suyo’ llegue a ser un ‘ser-mío’ por mutua posesión de amor.” Y aún con mayor fuerza, Juan de la Cruz exclama: “míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos, y míos los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías.  Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.” Apud. FARRELY, Brian. La ‘via Eckhardi’ como itinerario espiritual para la unión con Dios”. CIENCIA TOMISTA, Número 413, Volumen 127 (Año 2000) pp. 361.374.

[10] Dar Vida podría ser asociado a un algo impuesto que se da a alguien. Sin embargo, aquí tratamos de distanciarnos de ruidos patriarcales y acercarnos a metáforas y símbolos que nos invitan a la generación divina de Vida en tanto hacer sitio para la alteridad y con la cual comulgar, volviendo a hacer sitio nuevamente alumbrando mundos nuevos. El Concilio de Toledo en el siglo VII confesaba que la generación divina no es sino del ‘útero’ del Padre, ‘fuente y origen de toda divinidad’ (Cf. DH 526, DH 525), Así es como releemos también la sentencia: “Liberar es, en definitiva, dar Vida. Toda la Vida”. GUTIÉRREZ, Gustavo. En el itinerario espiritual de un pueblo. Ediciones Sígueme, Salamanca, 2007, p. 12.

[11] “El sabio es quien tiene el corazón de todo el pueblo y Meister Eckhart repitiendo una creencia popular afirma que ‘quien se conoce a sí mismo, conoce a todas las criaturas’ (precisamente en su tratado Del hombre noble). Esta concatenación de todo con todo nos une a la realidad por la contemplación, la oración, la gloria, pero también participando en los dolores de la creación, sean de parto o de desesperación.” PANIKKAR, Raimon. Iconos del Misterio. La experiencia de Dios. Ediciones Península, 2001, p. 135.


Autor

Juan Carlos La Puente Tapia acompaña personas, grupos, organizaciones e instituciones en Sur y Norte América para que sus acciones a favor de la justicia y la paz se arraiguen en el acompañamiento a quienes agrietan y transgreden, de manera no violenta, la colusión de opresiones que pesa sobre sí mismos y sobre otras personas. Junto con esos colectivos discierne la sabiduría que permite sostener esperanza, en comunión con los ancestros que con su vida ofrecieron y clamaron por reconciliación. Desarrolla prácticas de mutuo acompañamiento espiritual y teológico.

Dirección: 3339 SE Caruthers. Portland, Oregon. 97214. USA.